jueves, 12 de noviembre de 2009

El fariseo y el publicano

"A unos que se tenían por justos y despreciaban a los demás les dijo esta parábola: "Dos hombres fueron al templo a orar; uno era fariseo y el otro publicano. El fariseo, de pie, hacía en su interior esta oración: Dio smío, te doy gracias porque no soy como el resto de lo shombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni como ese publicano; yo ayuno dos veces por semana y pago los diezmos de todo lo que poseo. El publicano, por el contrario, se quedó a distancia y no se atrevía ni a levantar sus ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho y decía: Dios mío, ten compasión de mí, que soy un pecador. Os digo que éste volvió a su casa justificado, y el otro no. Porque el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado."
(Lc 18,9-14)

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